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Primer capítulo de “Recuperar la feminidad perdida”, Robert A. Johnson

Queridas y queridos lectores,

Os invitamos a leer el primer capítulo de Recuperar la feminidad perdida, de Robert A. Johnson, una de nuestras nuevas novedades editoriales. Ya disponible en nuestra tienda online.

El problema actual

“La pérdida de la energía femenina y de sus cualidades es un problema psicológico urgente de la sociedad moderna. Es una preocupación dolorosa de las vidas emocionales tanto de hombres como de mujeres. Esta pérdida de algo tan esencial para una mujer le obliga a cuestionar su feminidad. Se cristaliza en el largo debate histórico sobre la posición de la mujer en la sociedad. La pérdida de la energía femenina es menos evidente para el hombre, pero restringe las profundidades emocionales de su personalidad y es el origen de gran parte de su insatisfacción, soledad, sensación de sinsentido y mal humor. ¡Para un hombre es una conmoción descubrir que su estado de ánimo y buena parte de su naturaleza del sentir son femeninos! Sentirse superado por una emoción es sentirse abrumado por el aspecto interior femenino de su carácter, y es sólo al comprender y abrazar su feminidad que puede entender con claridad su naturaleza masculina. La pérdida o daño de las cualidades femeninas internas afecta a nuestro bienestar emocional, modificando directamente nuestra felicidad y contentamiento. Si las cualidades femeninas están en buen orden, la persona se sentirá sana y salva.

Al comprender que la feminidad no es prerrogativa de la mujer, nuestra primera tarea es educarnos a nosotros mismos para pensar en ella como una entidad que afecta a la identidad central femenina de una mujer y que afecta a la habilidad y capacidad de un hombre para sentir y valorar.

Sería más fácil comprender esta dimensión vital si nuestro lenguaje no fuera tan carente y sexista. Nos faltan términos para el aspecto femenino de la vida que sean ricos y polifacéticos. Las lenguas a menudo poseen varios términos para describir los elementos que una cultura tiene en alta consideración. Al contrario, si una lengua tiene pocos términos o uno solo para describir un elemento de su vida cultural, entonces esto indica a veces poca estima o valor. Por ejemplo, el sánscrito, base de la mayoría de lenguas de la India oriental, tiene noventa y seis términos para referirse al amor. El persa antiguo tiene ochenta; el griego, cuatro; el inglés sólo uno. El inglés no tiene la amplitud, el alcance y la diferenciación por lo femenino y las experiencias del sentimiento del sánscrito o el persa. Si así fuera, entonces tendríamos una palabra concreta que designara nuestra apreciación de padre, madre, puesta de sol, esposa, casa, amante o Dios. Tener una única palabra que se aplica a estos muchos niveles de experiencia dificulta el comprender la complejidad de nuestras vidas interiores y emociones. La lengua de los esquimales tiene treinta palabras para designar la nieve. Esto refleja la necesidad de claridad en una relación compleja con ella. Cuando estemos tan interesados en las relaciones y la feminidad como los esquimales lo están en la nieve, desarrollaremos un lenguaje centrado y diferenciado para esa dimensión de nuestras vidas.

El mitólogo Joseph Campbell trató de ensanchar nuestra exposición sobre lo femenino al aplicarle los siguientes términos:

[L]a izquierda, el lado del corazón, el lado del escudo, ha sido símbolo, tradicionalmente y en todas partes, de las virtudes femeninas y sus peligros: maternar y seducir, los poderes de las mareas de la luna y las sustancias del cuerpo, los ritmos de las estaciones: gestación, nacimiento, nutrición y apoyo; y sin embargo, de igual modo la venganza, la irracionalidad, la ira oscura y terrible, la magia negra, los venenos, la brujería y la ilusión; pero también el hermoso encanto, la belleza, el éxtasis y el gozo. Y así, la derecha es del hombre: acción, armas, hazañas heroicas, protección, fuerza bruta, y justicia tanto cruel como bondadosa; las virtudes masculinas y sus peligros: el egoísmo y la agresión, la razón lúcida y luminosa, el poder creativo similar al sol pero también la malicia fría y sin sentimiento, la espiritualidad abstracta, la valentía ciega, la dedicación teórica, la fuerza moral sobria y carente de juego.

El lenguaje moldea nuestro pensamiento incluso cuando nos consideramos abiertos de mente. Una amiga mía estaba preparando su trabajo final de curso antes de ordenarse sacerdotisa episcopal. Un demonio entró en ella y decidió escribirlo desde una perspectiva completamente femenina (ante la rígida estructura patriarcal de la iglesia). Sus amigos le desaconsejaron encarecidamente este cambio, pero ella insistió. Escribió lo siguiente:

Como mujer que escribe una declaración personal, he decidido usar el término “mujer” a lo largo de este texto, pero desearía que se entendiera con claridad que en este trabajo el término “mujer” incluye también a los hombres, sin intención de excluir al género masculino (excepto cuando el contexto lo indica claramente) de mi comprensión de la antropología teológica y de la naturaleza de la iglesia o, particularmente, de la obra de salvación de Jesucristo. Por supuesto, esto no lo hago con total inocencia. En parte estoy tratando de invertir, para mí misma y para los lectores, la experiencia de leer teología, la cual afirma incluir mi género aunque rara vez sea así.

Al escribir sobre la noción teológica de la persona, dijo:

Mi sentido de la naturaleza humana es que la mujer es una criatura finita (un ser creado de Dios) que es racional, espiritual, imaginativa y creativa o, como aparece en el Libro de Oración Común, “bendecida… con memoria, razón y talento”. Tiene la libre voluntad (limitada, pero real) y el potencial para convertirse en una verdadera hija de Dios, trascendiéndose a sí misma a medida que madura. Al comprenderla desde el punto de vista teológico, debemos luchar continuamente para mantener un equilibrio entre su naturaleza espiritual y su naturaleza material, que a menudo se ha “sobre-espiritualizado” en las comunidades de fe. Su objetivo es amar: amarse a sí misma, a otras mujeres y, lo que es más importante, a Dios. 

[…] Creo que nos hacemos la mejor imagen de los propósitos por los que la mujer fue creada y las posibilidades de su naturaleza en la persona de Jesús. Sólo podemos entender correctamente quién es la mujer después de ver quién es Cristo… porque sólo a la luz de la cruz podemos ver el pecado real de la mujer, así como su destino potencial.

[…] De todas las criaturas creadas que podemos ver en la tierra, sólo la mujer (que yo sepa) tiene el poder de la razón y la memoria. 

Además, hay en la mujer (visto de forma preeminente en Jesús) lo que Karl Rahner llama “trascendental”, lo que el salmista llama “un poco por debajo de los ángeles”, y lo que el Génesis llama “a imagen de Dios”. 

El uso de la palabra “hombres” para referirse a toda la humanidad, en nuestras escrituras y en cualquier otra parte, nos ha sometido por largo tiempo a la distorsión. El peso semántico se inclina hacia la masculinidad sin importar el esfuerzo que hagamos por incluir a las mujeres en el término “hombres”.

Debemos ir en búsqueda de esta escurridiza cualidad —la feminidad— y descubrir algo de su historia, incluso a pesar de nuestra escasez de lenguaje. Dos actitudes —una griega, la otra hindú— nos ayudarán a comprender las raíces de la feminidad en la civilización moderna. El mito de Edipo transmite el punto de vista griego, nuestra herencia inmediata; el mito de Nala y Damayanti, del Mahabharata, expresa la actitud de la India oriental.

UNA NUEVA PERSPECTIVA

Nuestras actitudes occidentales hacia la feminidad están tan profundamente inculcadas que es imposible ampliar la perspectiva sobre ellas sin salir por completo de nuestra propia cultura. Fueron mis viajes a la India los que me despertaron a una óptica enormemente distinta respecto a todo lo femenino. El tono afectivo, la valoración de la feminidad, ocupan lugares infinitamente más elevados en el éthos de la India oriental. Sólo el hecho de caminar por una calle de la India tradicional es irrumpir en un sentimiento válido. Experimentar cómo los indios usan el color, el tempo, los sonidos, la sensualidad, las relaciones, la modestia y la atemporalidad es acordarse de lo Femenino Divino.

Nuestros logros heroicos occidentales son la envidia del resto del mundo, pero los hemos ganado a costa de nuestra capacidad para ser amables, sentir, estar contentos y serenos. ¡Somos tan ricos en lo material y tan pobres en valores femeninos! ¡He visto paz y felicidad en los lugares más inesperados de la India! Con tan poco por lo que sentirse feliz, ¿cómo es que esta gente está tan contenta? A costa de los logros técnicos modernos, han mantenido sus valores femeninos.

El mito de Nala y Damayanti nos suena extraño a oídos occidentales, pero esa extrañeza es la cualidad exacta que necesitamos para completar nuestro estilo de vida occidental desastrosamente unilateral. En este mito de la India oriental, las mujeres de una fuerte identidad femenina evitan el desastre. Ineludiblemente, el héroe es la fuerza femenina. Los cuentos hindúes, simplemente, no funcionarían sin el poder de sus mujeres (sin el poder de lo femenino, que no se limita sólo a las mujeres).

Instintivamente nosotros, los occidentales, sabemos que hay un ingrediente esencial en Oriente que necesitamos para curar nuestra cultura occidental emocionalmente empobrecida. La filosofía oriental y la religión nos son familiares desde los años sesenta, sea por parte de radicales políticos o de científicos eminentes. El libro de J. Robert Oppenheimer que detalla el desarrollo de la primera bomba atómica se tituló Más brillante que un millar de soles, como referencia a los Upanishads. Obras de ficción como Siddharta de Herman Hesse y El filo de la navaja de Somerset Maugham han explorado aspectos curativos del pensamiento oriental. Es de este modo que podemos aprender del cuento de Nala y Damayanti”.

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Introducción del libro “Transformación”, Robert A. Johnson

Queridas y queridos lectores,

Os invitamos a leer las primeras páginas de nuestra novedad editorial Transformación. Comprender los tres niveles de la consciencia masculina, de Robert A. Johnson. Ya disponible en nuestra tienda online.

“La tradición indica que tenemos a nuestro alcance tres niveles de consciencia: la consciencia simple, no vista a menudo en nuestro mundo tecnológico moderno; la conciencia compleja, estado habitual del hombre educado occidental, y un estado iluminado de consciencia, sólo conocido para muy pocos individuos, culminación de la evolución humana y que sólo pueden alcanzar personas altamente motivadas después de mucho trabajo y entrenamiento.

Los proverbios de muchas lenguas apuntan a estos tres niveles de consciencia. Un cuento, por ejemplo, relata que el hombre simple llega a casa en la noche preguntándose qué hay para cenar, el hombre complejo llega a casa ponderando sobre lo imponderable del destino y el hombre iluminado llega a casa preguntándose qué hay para cenar. El hombre simple y el hombre iluminado tienen mucho en común, lo cual incluye una visión de la vida directa y sin complicaciones, y por ello reaccionan de manera similar. La única y verdadera diferencia entre ambos es que el hombre iluminado es consciente de su condición, mientras que el hombre simple no lo es. Por otro lado, el hombre complejo pasa gran parte de su tiempo preocupado y a menudo se encuentra en estado de ansiedad.

Como reza un proverbio Zen: “Cuando era joven y libre, las montañas eran montañas, el río era río, el cielo era cielo. Entonces perdí mi camino, y las montañas ya no eran montañas, el río ya no era río, el cielo ya no era cielo. Entonces alcancé el satori (término Zen para la iluminación), y las montañas fueron de nuevo montañas, el río fue de nuevo río y el cielo fue de nuevo cielo”.

Nuestra tradición bíblica nos lleva de la perfección simple del Edén a través de cada caos imaginable para conducirnos finalmente al celeste Jerusalén. De nuevo, tres niveles de conciencia.

Nuestras tradiciones psicológicas también validan la existencia de estos tres niveles. Fritz Kunkel, un psicoterapeuta que trabajó en Los Ángeles desde los años treinta hasta los cincuenta, observó que los seres humanos proceden de una consciencia de sangre roja y pasan por una de sangre pálida hasta una de sangre dorada, de lo simple a lo superior. Era su manera sencilla de describir los tres niveles de consciencia que se abren a nosotros. La doctora Esther Harding señaló que la energía psíquica puede manifestarse de tres modos: como instinto, como consciencia del ego y como inversión en el Sí-mismo. El hombre evoluciona desde actuar instintivamente hasta poner su energía psíquica bajo el control de su ego. Entonces debe evolucionar más, para situar su energía psíquica bajo el control del Sí-mismo, esa consciencia más elevada que de forma diversa se llama Dios, iluminación, satori o samadhi.

Uno busca en vano ejemplos del hombre de consciencia simple en nuestro complejo mundo occidental. A menudo proyectamos esta cualidad en las minorías de piel oscura y en las mujeres (y después estamos resentidos con ellas). Al escribir sobre sus experiencias en Walden Pond, Thoreau registra los intentos de un hombre complejo de retomar la simplicidad de su vida. Nuestro propio movimiento contracultural de los sesenta fue un intento de restaurar la simplicidad y el contacto con la Madre Tierra y la vida natural. Mahatma Gandhi instó a la India a conservar su consciencia simple, simbolizada por la rueda giratoria. Él habría hecho que cada indio viviera una vida sencilla, tejiendo su propia tela, limpiando su propia casa y letrina, etc. India esquivó amablemente este consejo aislando a Gandhi de su panteón de santos, y su vida tiene poco efecto en la India actual.

Cuando fui a la India por primera vez me habían advertido de los horrores que me encontraría: leprosos, cadáveres en la calle, pobreza, niños mutilados y mendigos. Todo era cierto, y aguanté el impacto de la oscuridad lo mejor que pude. No me habían alertado, sin embargo, de la gran felicidad de la gente. Cuando vi a gente que tenía tan pocos motivos para sentirse feliz viviendo una felicidad inquebrantable, me quedé totalmente desconcertado. Estaba siendo testigo del milagro del hombre simple que busca la felicidad en un rico mundo interior y no en la caza de algún objetivo deseado.

Más tarde investigué el origen de la palabra feliz (happy, en inglés) y descubrí que proviene del verbo suceder (to happen). En otras palabras, la felicidad se encuentra simplemente al observar lo que sucede. Si no puedes ser feliz ante la posibilidad de comer, es probable que no encuentres la felicidad en ninguna parte. La felicidad es lo que sucede.

El hombre simple vive en esta consciencia y halla la felicidad en su rico mundo interior, sin importar cómo sean las circunstancias exteriores. Los hombres de consciencia iluminada conocen este noble hecho y viven con una filosofía y actitud de felicidad. Para ellos, la felicidad hace de puente entre el mundo interior y el hecho objetivo, una conexión que el hombre simple no es capaz de hacer.

Don Quijote, que será el portador del hombre simple en nuestra búsqueda, conoce el colorido mundo de su vida interior, su imaginación, pero lo hace a expensas del hecho exterior y la realidad. Este modo de vida es rico y duradero, pero requiere de un hombre superior para mantenerlo de cara a la realidad exterior. El hombre complejo, perdido ante la sencilla actitud de la felicidad y sin entender aún que Dios es lo que es, permanece encallado en la preocupación, la soledad y la ansiedad. Un maestro hindú me dijo una vez que la forma más elevada de oración es simplemente ser feliz. Esta felicidad sólo la  conocen los hombres simples e iluminados. El hombre complejo, entre consciencias, permanece atrapado por la nostalgia del pasado o la anticipación de un futuro que habitualmente esquiva su agarre.

Arrancados del jardín

Toda una generación de hombres complejos se ha emocionado y nutrido indirectamente de libros como Zorba el griego, que retrata a un griego maravilloso y sencillo que experimentó la vitalidad de su vida de un modo directo, y de las novelas de Hemingway, cuyos retratos de corridas de toros y vidas heroicas nutrieron a gente pálida y encadenada a la oficina.

Debido a que tenemos la opinión injustificable de que la consciencia compleja es altamente deseable, educamos cuidadosamente a nuestros jóvenes lejos de la simplicidad lo antes posible en la vida. Los padres se sienten muy orgullosos de que sus jóvenes puedan leer, escribir o adquirir habilidades informáticas a edades muy tempranas.  A menudo, esto produce niños a quienes se ha robado su infancia y a quienes se ha arrancado demasiado pronto del Jardín del Edén, y que por ello desarrollan neurosis más tarde en la vida.

Las sociedades anteriores a la era moderna y las que aún funcionan en lugares menos desarrollados del mundo creen que la mayoría de gente debe quedarse permanentemente en la consciencia simple —en el Jardín del Edén— a menos que aporten pruebas sólidas de su habilidad para labrarse un camino a través de la consciencia compleja hacia una consciencia más elevada. Así, sólo a muy pocos y precoces individuos se les permite adquirir la consciencia compleja. A menudo se acusa al catolicismo medieval de tratar de mantener a la mayoría de la gente en un estado campesino y de permitir la educación sólo a los pocos destinados a la santidad o el sacerdocio. La Iglesia censuró a Galileo no por afirmar una supuesta falsedad, sino por decir la verdad a aquellos a los que la Iglesia no consideraba preparados para escucharla.

La consciencia compleja es tan altamente apreciada en nuestra sociedad que no hay coste lo suficientemente elevado como para lograr la libertad, la auto-determinación y la elección, cualidades de este nivel de consciencia. Nos esforzamos tanto en defender la consciencia compleja que exportamos su estilo de vida a cualquier otro país menos avanzado, ¡y lo hacemos gratis!

La sociedad india tradicional se basa en un sistema de castas que permite sólo a unos pocos individuos superiores adquirir consciencia. Se trata de los brahmanes: los sacerdotes, maestros y místicos de la sociedad india. La siguiente casta inferior es la de los gobernadores y guerreros, gente menos interesada en la consciencia. Las castas inferiores a ésta son dominio de los comerciantes y trabajadores. El sistema mantiene a la inmensa mayoría de la gente en la consciencia simple, con una consciencia más elevada sólo accesible para esos pocos individuos cuya casta les da la indicación de que pueden sobrevivir al paso de la consciencia compleja. Este sistema, por supuesto, tiene sus defectos. Uno de los problemas más graves del sistema de castas es que es hereditario y, por lo tanto, no siempre designa al individuo un nivel proporcional a su capacidad innata; pero, por lo general, ha evitado la neurosis en masa imperante en las sociedades occidentales.

Nuestra actitud occidental moderna hacia la consciencia tiene la gran ventaja de ofrecer prácticamente a cualquiera el acceso a una consciencia más elevada. A cualquiera que desee invertir en ella el esfuerzo necesario se le da el punto de ventaja de la consciencia compleja desde la cual se consigue el nivel más alto. Pero la dificultad de hacerlo deja a un gran número de personas atascadas en la consciencia compleja, incapaces de seguir hacia una consciencia más elevada o de volver a la simplicidad y paz de la consciencia simple. Pocos tienen los medios o la visión profunda necesaria para convertirse en thoreaus del siglo XX, aunque lo hayan sentido como una solución viable. El Dr. Carl Jung nos advierte del intento de “hacer una restauración regresiva de la persona”, de regresar a una consciencia más simple cuando uno ya ha descubierto el sufrimiento de la consciencia compleja. Aquellos que prueban esta solución al sufrimiento de la vida sólo simulan ser una persona de simplicidad, lo cual es una complicación aún mayor de una vida ya sobrecargada. Una vez dejas la consciencia simple a favor de la consciencia compleja, ya nunca puedes retomar la simplicidad del campesino o del hombre “de sangre roja”. Ya no es posible regresar al Jardín del Edén una vez eres expulsado puesto que, como nos advierten las Escrituras, hay un ángel con una espada en llamas ahí de pie para evitar nuestro regreso. Dicho de forma sencilla, ya no puedes volver a casa.

En este libro quiero explorar los tres niveles de consciencia (a los que he llamado el hombre bidimensional, el hombre tridimensional y el hombre cuatridimensional) tal y como se retratan en tres obras literarias. Cervantes, Shakespeare y Goethe nos han dado obras de arte que retratan estos tres niveles de un modo muy poderoso. Cervantes escribió sobre Don Quijote, un hombre que estaba tan enamorado de los hábitos simples del hombre bidimensional —el hombre medieval— que se vistió con las galas de la caballería y la hidalguía e interpretó una imitación semicómica pero inspirada de lo que había perdido en su vida. Shakespeare definió al hombre complejo con una precisión certera en Hamlet. Y Goethe nos entregó a Fausto, que retoma la batalla perdida de Hamlet y nos lleva a esa consciencia más elevada a menudo llamada redención.

A través de estas tres obras podemos trazar la posible evolución de la consciencia en esta vida”.

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NOVEDADES Y PRÓXIMAS ACTIVIDADES

La Editorial Escola de Vida comenzamos el inicio de la temporada con un buen número de novedades y noticias que os queremos compartir.

En el próximo mes de noviembre de 2017 verán la luz tres novedades editoriales en nuestro catálogo.

Por un lado, editamos dos títulos inéditos hasta ahora en lengua castellana del escritor y especialista en psicología junguiana Robert A. Johnson: Transformación. Comprender los tres niveles de la consciencia masculina y Recuperar la feminidad perdida, que se publicarán en nuestra Colección Valores. Ambas obras tratan sobre un tema de vital importancia en nuestro mundo actual: lo femenino y lo masculino, cómo ser mujer hoy, cómo ser hombre hoy, para vivir con plenitud, conectados con nuestra esencia, en nuestro lugar. Dos libros clave para entender las relaciones con uno mismo y con el otro.

Para la publicación de estos títulos hemos decidido poner en marcha una campaña de Crowdfunding, con el objetivo de obtener financiación para su edición y de que nuestros lectores participen activamente en la consecución de nuestros objetivos. Es importante para nosotros implicar a nuestros lectores y compartir con ellos valores y proyecto.

http://vkm.is/librosescoladevida

Por otro lado, inauguramos la Colección Kabir (dedicada a textos sobre misticismo y arte) con el libro Un viaje hacia El País Invisible, del poeta y artista multidisciplinar Dionisio Cañas, una obra que nos narra en primera persona la experiencia del autor en su viaje hacia su mundo interno a través de sus vivencias con el sufismo y el arte de la poesía, entre otros.

También para este final de año 2017, hemos organizado distintos eventos con la intención de continuar ofreciendo valores y herramientas útiles, bellas y rigurosas para el hombre y la mujer de hoy.

LA CIENCIA DEL CULTIVO DEL MUNDO INTERNO

Ciclo de cuatro conferencias que se celebrará en la Casa del Tíbet de Barcelona (C/Rosselló, 181) desde el mes de septiembre al mes de diciembre, y que nos ofrecerá diferentes visiones y experiencias acerca de la ciencia del cultivo del mundo interno y del trabajo interior desde distintas temáticas, tradiciones y especialidades. El objetivo principal del ciclo es acercar al público la importancia de cultivarse interiormente en nuestro mundo moderno para desarrollar una vida plena y consciente, así como difundir modelos, experiencias y herramientas útiles para ello. Organizamos este ciclo conjuntamente con la Fundación Josep Mª Fericgla (www.josepmfericgla.org)

El calendario es el siguiente:

26 de septiembre de 2017 – 19:30h.
La experiencia sagrada hoy en Occidente: una ciencia para minorías.
Josep Mª Fericgla (Doctor en Antropología, escritor y especialista en Etnopsicología, Estados de consciencia expandida y Antropología de la vejez. Director del campus Can Benet Vives)

17 de octubre de 2017 – 19:30h.
Heartfulness, vivir en la conciencia del corazón y sentir la intuición.
Miriam Subirana (Conferenciante, coach, escritora y artista)

21 de noviembre de 2017 – 19:30h.
Sobre la muerte y la espiritualidad.
Tew Bunnag (Maestro de Tai Chi y meditación, especialista en cuidados paliativos y el aprender a morir)

19 de diciembre de 2017 – 19:30h.
Los caminos de la espiritualidad de la India.
Agustí Pániker (Escritor, director de la Editorial Kairós y especialista en el universo de la India)

SEMINARIO INTRODUCCIÓN A LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS EN LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA DE JUNG

Impartido por Antoliano Silvero Nieto, psicólogo, analista jungiano, miembro de la Asociación Española de Psicología Analítica (SEPA) y traductor del libro Trabajo interior, este seminario nos servirá una introducción teórica y metodológica al trabajo con el inconsciente a través de la interpretación de los sueños. El objetivo del seminario es el de exponer y aclarar los distintos conceptos junguianos que intervienen en el análisis de los sueños y proporcionar una visión práctica del objetivo del análisis de los mismos.

Organizado por la Editorial Escola de Vida y Kre Atman.

Calendario e inscripciones:

MADRID:
Sábado 21 de octubre. De 10 a 14h y de 16 a 18h.
Ecocentro – C/Esquilache 2-1ºC (Ecosalud)

BARCELONA:
Sábado 4 de noviembre. De 10 a 14h y de 16 a 18h.
Espai Ronda – C/Consell de Cent, 382

Precio: 65€
Inscripciones: editorial@editorialescoladevida.org

Finalmente, os anunciamos la presentación de la Editorial Escola de Vida y de nuestros primeros títulos de la Colección Valores en Madrid. Será el martes 3 de octubre en la librería de Ecocentro (C/Esquiache, del 2 al 12).

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